“¿Dónde está tu hermano Abel? Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”
Los programas del ego son numerosos y variados. Esta historia cuenta acerca de la ruptura. Cuenta que tu te sientes merecedor en algunos momentos y en otros ,no. Algunas veces amado ,otras, no. A veces merecedor de abundante gracia y a veces merecedor del castigo de la muerte.
Esta historia narra del olvido del único amor. Esta historia habla de la proyección del miedo, odio, envidia y de aquél hermano con el que vas a regresar a casa. El ego cuenta historias falsas que describen la negación de su hermano, y haciendo que el mundo real desaparezca-el hogar desaparecerá, el Padre desaparecerá y Su Amor desaparecerá.
La culpa sustituirá al amor, la condenación eterna que esconderá Su Único Amor, el cual es compartido igualmente entre Sus hijos e hijas.
¿Soy acaso el guardián de mi hermano?
No le conozco, no le veo, le he hecho desaparecer para no verme a mí mismo.
Vamos a llamarle.
Vamos a permanecer unidos en nuestro amor a Dios nuestro Padre.
Renunciemos a toda nuestra culpa, porque es imposible negar a un hermano, hacerle desaparecer.
Caminaremos hacia el hogar con este hermano, juntos, hacia el amor de Nuestro Padre.
El amor es uno para todos Sus bellos, puros hijos e hijas.
Las preferencias no son posibles. La división no es posible. No es posible hacer desaparecer a un hermano.
Caminamos juntos como un solo ser: una Filiación unida en el amor por nuestro Padre.
Caminemos juntos.
Su ofrenda la presentaremos al hermano que está a nuestro lado.
El regalo del amor. Perdón.
Disfrutando de la luz del otro, andamos juntos por el camino que nos conduce a los Cielos.
Nuestra ofrenda es compartida. Ofreceremos perdón el uno al otro.
Ofreceremos nuestro único amor a nuestro Padre.
No hay diferencias en los regalos de Dios.
No hay diferencias en Su paz.
La historia de la muerte, separación y culpa cesará de existir en nuestras mentes, si accedemos a presentar nuestra ofrenda compartida, amor sin fin, profundo perdón y gran serenidad.
Yo soy tu guardián, hermano mío, así como soy el mío propio.
Te conozco hermano, así como me conozco a mí mismo.
Te mostraré mi ofrenda a ti.
Tú ofrenda, recibiré.
Caminaremos juntos con alegría y serenidad.
Juntos, porque no hay diferencias.
Jamás las hubo.
Mis ofrendas de perdón te mostraré.
Las mostraré así mismo a mi mente también.
El Santo Padre está jubiloso por Sus hermosos y puros hijos e hijas, Creados a su imagen -sólo amor.