Velada para la comunidad – Tu Bishvat 2.2.26

Hora 11:00 – Mattá
Los miembros invitados de la comunidad que están hoy aquí, deben conocer la verdad.
Para eso abriré con estas palabras, palabras de paz, para recibirlos y traerles sus anuncios.
¿Quién supo, entre los que portan los consentimientos, que su función ya fue dada en la eternidad?
¿Quién supo, que él es una puerta para recibir los anuncios de los Cielos?
¿Quién dijo: “así se hará”, aun antes de que su misión lo llamara?
Las respuestas no se dan sino en las puertas y más allá de ellas.
Y todo consentimiento otorgado en la eternidad ha de cumplirse en las alturas.
Por eso, hermanos míos, moradores de las alturas que conocen la paz, que caminan en silencio por los Reinos de los Cielos, que reconocen Su Voz y Sus Anhelos, sabed que habéis venido a ser presentados en Su Luz y en Su Voz que os llama, a través de mis mensajeras, para ser elevados y a ascender aún más, hacia vuestro función.
Habéis oído, que mi enseñanza se ha difundido entre pueblos y lenguas, que es una y su mensaje es paz, y que nada sobra ni falta de ella;
pues es perfecta en Sus Regiones y en Su Enseñanza.
Y sin embargo, tengo algo de vosotros al venir una y otra vez:
¿de dónde vendrá mi enseñanza si no es del seno de mi pueblo?
¿Y de dónde se corregirán los errores si no es mediante mis mensajeros?
¿Cómo pondré en vuestros oídos cuan grande es la salvación entre mis moradores,
y quienes conocen en verdad mi enseñanza, deben salir de mi pueblo hacia los pueblos?
Y nada cambiará esto, ni siquiera entre quienes se niegan a recibirme.
Desde aquí deposito mi mente en vuestra mente y mi paz en vuestra paz.
No se requieren muchos que reconozcan la paz; pero sí se requieren maestros que conozcan la paz para entregarla. Para esto os he deseado, hermanos míos, y por ello vendré a vosotros una y otra vez con mis enseñanzas y mi instrucción.
Pues Su Amor no se apartará de ninguno de Sus Hijos; pero el amor de sus hermanos desvanece en los espacios, y ya no ven consuelo en su unidad ni remedio en su plenitud. Su retorno parece alejarse de ellos, porque claman desde sí mismos, en un olvido creciente, acerca del hogar que los espera con bendición.
Dejad, hijos míos, vuestros pensamientos.
Debéis uniros en esto a favor de los pequeños.
La enseñanza de la paz fue destinada para ellos, para salvar sus mentes de un olvido persistente,
hasta que Su Reino sea olvidado y todo su camino hacia él se pierda y se cubra de vanidades de mentira y violencia.
Por eso, alumnos míos, sanos y puros sin medida,
sed uno en mi enseñanza; pues llega sencilla y serena para despertar las mentes e iluminarlas en la luz.
Está orientada a la comunicación y es clara, para poder aferrarse a ella por mucho tiempo, cuando la oscuridad gobierne sobre la tierra.
Reuníos, entonces, para apartarlos de tal cosa.
Mis voces van y se intensifican con mi llamado a vosotros.
La buena nueva de la paz debe manifestarse en el mundo y entre los mundos.
No os adormezcáis en vuestras vidas pequeñas; porque vuestra presencia aquí está destinada a impregnarse de luz, con vuestra demostración constante, el camino de la paz.
Solo así los pequeños hallarán su camino desaparecido.
Reuníos, entonces, porque al recordarlo a Él, el mundo entero se recordará.
Para ayudaros he venido: y mii presencia está viva, Mi enseñanza es accesible y sencilla para que os sirváis de ella.
Haced así, hermanos míos, conociéndome a mí,
poned en movimiento vuestros pasos hacia Él y ascended más allá del mundo,
porque muchas son las huellas necesarias; dejadlas luminosas y claras,
para que los pequeños Lo conozcan a Él,
para que venga la paz.