Convocatoria al Encuentro de la Paz en Jerusalén

20.4.26 · 15:00 · Jerusalén

«Hija mía, hija mía, noble y la más bella de las hijas del mundo,
cuyos pasos se acercan a los Cielos y cuyos labios responden a Sus Alturas.
Escucha, enviada mía, ministra de la paz,
pues me dirigiré a ti en mi petición, conocer mis palabras en la verdad para el bien de Sus Hijos,
y en paz, rescatar a mis hermanos de las tinieblas que ha caído sobre sus cabezas como un manto de falsedad.

Escucha, hija mía lo que te digo, tesoros ocultos; porque a los Cielos pertenece toda la tierra, y la paz de sus hijos es concedida por Su gracia.
Y te pediré llamar a la paz entre Sus Hijos, una y otra vez; a ser conocido en Sus Luces, y que no surja en ti, pensamiento alguno, de que Él no Está en todo.

Se Halla en las historias y en los estratos, en cada palabra dicha con detalles,
y en la visión de Sus hijos se alza colmada de Sus Ojos,
pues han de levantarse hoy mismo de su persistente letargo.

Por eso, eleva esta petición entre los mundos, para que lleguen los hijos de la paz;
unos con Su Valentía, otros con Su Alegría;
unos con Su Júbilo, otros con Su Fuerza;
unos con Su Voluntad, otros con Su Asombro.
Vendrán a darse a conocer en Sus Puertas, atraídos como por un imán muy poderoso
que los conduce desde la oscuridad hacia la Verdad.

Haz oír mi llamado, enviada mía, y lo repetiré una y otra vez, porque los niños deben despertar a Su Visión.
El Encuentro de la Paz se alzará en su tiempo, y no es para unos pocos,
sino para quienes conocen Su Idioma y Su Gloria, y para quienes escuchan Su Llamado en grandeza.
Por las puertas Entrará y Será recordado nuevamente en sus mentes; porque la paz deben traerla mediante el conocimiento a Él.

El Encuentro de la Paz, será mi llamado para ser Conocido en la verdad,
se alzará para ellos, para que otorguen su consentimiento por segunda vez,
desde la ciudad santificada y hasta el más allá, hacia las regiones de los pueblos.
Por lo tanto, enviada mía, haz así y difunde mi llamado entre todos:

Criaturas de la Luz, Hijos tiernos del Cielo que caminan aquí en su hora firmemente,
pues han dado su consentimiento al conocimiento de Dios en la verdad de Su Pensamiento.
Os llamaré, hermanos míos,
os llamaré a conocerme en la verdad, pues entrego palabras de amor y de paz que provienen de Él.
Yo, símbolo de la paz cuya pureza fue hollada, vuelvo a enseñaros una vez más;
pues mis palabras no fueron comprendidas en el pasado, y también esta gloria por mí, con mi retorno, está llena de equivocaciones.
Pondré mi enseñanza en vosotros, como ramos de paz,
Traeré mi alegría a cada hermano que desee acompañarme, y conocer a través mío la verdad completa del Cielo.
No necesito mártires, ni tampoco centinelas, cuidadores de un falso fanatismo religioso;
porque no es la verdad que los lideres proclaman equivocadamente.
Soy uno de los hijos de mi pueblo que conocen a Dios, que conocen la Paz.
Vengo con una nueva de paz para consolar a los cansados y apaciguar la mente de los extraviados.
He de enseñar sanación y paz, y el retorno completo a los Templos del Conocimiento donde mora el Padre con todos Sus Hijos, Presente en ellos en dicha.
He de traer conmigo a mis hermanos; pues para esto he venido una y otra vez, para corregir todos los errores y todas las distorsiones del pensamiento, y traer calma y sanación eterna a las mentes que desean conocer la paz.
Venid a mis puertas y a mi enseñanza, pues debemos estar unidos en nuestra misión para las criaturas,
para los niños del mundo; pues ellos deben conocer solo la paz.
Dejemos atrás las historias del pasado; avancemos más allá de ellas hacia un mundo recordado, que conoce la Paz en su plenitud.
El perdón está cerca de ser revelado en su totalidad; pues la idea de la Expiación ya se dio de Él, y todo lo que resta es consentir en recibirla como verdad en Su Mente.
Hijos míos, alzad mi llamado y sed los primeros en anunciarme.
Este es el año de la visión, en el cual la paz, llegará a todo.
Se requiere vuestro consentimiento; vuestra llegada se acerca.
Vuestro alistamiento es Luz para el consentimiento de muchos,
porque nuestra fuerza es Una en nuestro consentimiento a Él.
¿Y quién dirá que no a la Luz del Amor?
Este error no ocurrirá de nuevo.
Para los niños y su conocimiento del Amor que está en todo,
y para la misión que proviene de Él.
Solo por esto,
decid sí para ellos
y venid a las puertas de la paz.»

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