Este día estará dedicado al perdón entre vuestro pueblo.
Este día debería estar dedicado al perdón entre todos los pueblos.
Perdón en las mentes de los santos Hijos de Dios.
El perdón del Cielo está envuelto delicadamente alrededor de vuestras santas cabezas.
El perdón del Cielo será vuestro regalo.
Dadle la bienvenida.
El Conocimiento de Dios reside en él, el perdón es eterno.
El estado de impecabilidad (ausencia de pecado) es un estado natural para el Hijo de Dios que conoce a Su Padre en Su Amor.
No erréis, santos Hijos Suyos.
No erréis en percepciones de pecado e iniquidad.
Porque el Cielo conoce el estado de Mente Una.
Porque el Padre conoce a Su Hijo en tu impecabilidad eterna.
No erréis, Santos hijos Suyos, en ayudo y remordimiento.
El Hijo no pecó, y en su olvido fue lejos,
por los caminos de la tierra.
Y aunque nunca estuvo abandonado, ni por un momento, él imagina que ha sido
abandonado y olvidado,
su mente se envolvió en oscuridad y él no sabe el camino.
Y cuando él retorna a Él, Su Respuesta está en su mente,
brillando, y sin embargo pisoteada en las sombras.
Pensamientos de pecado y sacrificio y temor, de abandono, enfermedad y muerte, de
olvido y tristeza y redención.
Porque el Hijo imagina que será redimido al compartir desde su oscuridad sus pensamientos de escasez y desamparo.
Perdido está el Hijo en la oscuridad, y se azota a sí mismo por su pecado,
se azota y olvida y se azota,
y no encuentra descanso.
Y en este día espera el perdón que le redimirá de su desdicha, aunque solo sea
por un rato.
El Hijo no está perdido.
Su mente será despertada de inmediato
cuando conozca el regalo del perdón.
El perdón reconciliará completamente su mente cansada.
Hará llegar agua viviente a sus venas agrietadas.
Y el Hijo retornará completamente a su Padre,
Quien le conoce pleno y puro e inmaculado
desde el siempre de su creación.
En la luz se han ido sus pesadillas,
y el Hijo no necesita ni golpear ni perdonar.
Sino más bien, presentar su agradecimiento como un regalo,
el agradecimiento en el que el Hijo conoce al Padre y a Sí Mismo,
unido con Él.
Oíd, gentes de todas las naciones.
Venid en paz y en perdón uno,
en el que el Padre conoce a Sus Hijos en el amor.